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Kati Horna (Szilasbalhás, Hungría, 19 de mayo de 2012 – Ciudad de México, 19 de octubre de 2000)

Es incuestionable que la fotografía como arte y, sobre todo, como elemento transmisor del mensaje informativo, alcanzó en los años treinta su madurez absoluta. La desgraciada guerra civil española, enmarcada cronológicamente en este momento en el que la tecnología, con las nuevas cámaras y películas, permitía los elementos necesarios para dar rienda suelta a la creatividad del fotógrafo, constituyó no obstante sus trágicas consecuencias, un campo de actuación idóneo para esta forma de expresión.

Un numeroso grupo de fotógrafos nacionales y extranjeros plasmó en una gran cantidad de imágenes escenas bélicas, políticas o simplemente de la vida cotidiana, que se distribuyeron por multitud de medios impresos. Se podría aventurar que estas imágenes fotográficas llegaron a ser, junto con el reportaje cinematográfico, la más importante fuente de información sobre el conflicto español para la mayoría de los ciudadanos de los países que siguieron el conflicto con mayor interés, cuando no con apasionamiento.

Algunos de ellos son mundialmente conocidos, como Robert Capa, Gerda Taro, David Seymour, Hans Namuth, Agustín Centelles, Serrano o Alfonso. Su obra ha sido glosada con frecuencia y son abundantes las publicaciones antológicas que recapitulan, más o menos parcialmente, sus trabajos. Sin embargo hubo otros fotógrafos importantísimos tomando instantáneas en la España en conflicto: Kati Horna es una de ellos.

Por desgracia la obra de Horna es prácticamente desconocida a pesar de que realizara multitud de fotografías, primero para el Comité de Propaganda Exterior de la CNT desde enero hasta junio de 1937 y, posteriormente, para algunas publicaciones libertarias como “Umbral”, “Tierra y libertad”, “Tiempos nuevos”, “Libre estudio” y “Mujeres libres”.

La razón fundamental de este desconocimiento habría que buscarla en toda una serie de hechos. El primero, que las fotos de Horna quedaron fuera de los circuitos internacionales de distribución, ya que no colaboró para los organismos de la propaganda oficial republicana, como es el caso de Capa, -dicho sea sin pretender menospreciar la magna obra de éste- ni trabajó para ninguna de las grandes publicaciones ilustradas, casos de Keystone, Namuth, Deschamps, Serrano o el propio Capa. Y ha sido esa dimensión internacional, proporcional al impacto que causaban las instantáneas sobre una población más o menos amplia y en la que tenía cabida el análisis crítico y artístico, la que ha hecho famosos a los “fotógrafos de la guerra de España”. En segundo lugar e íntimamente relacionado con lo que antes apuntábamos, Kati Horna no pretendió en ningún caso vender sus fotografías, por lo que no constituyó agencia ni se integró en las existentes. Se consideró siempre una obrera del arte, vinculada en la guerra de España por afinidad ideológica a los libertarios, aunque no llegara a militar en ninguna organización. Nunca fue una reportera a la caza de la noticia en celuloide, sino una creadora, una artista que únicamente buscó en su trabajo completa libertad para fotografiar lo que quisiese y como quisiese. Quizá ahí radique su diferencia con los demás y la especial magnitud de su labor. Corresponden estas fotos a su etapa como reportera gráfica de las revistas citadas anteriormente, y forman parte de los negativos que Kati logró sacar de España en una pequeña caja de hojalata al finalizar el conflicto. Esta cajita viajaría con ella primero a Francia y, en ocubre de 1939, a México, donde residió desde entonces dedicada a la fotografía.

Kati Horna ofreció este pequeño pero importante archivo al Ministerio de Cultura, que lo adquirió en 1979.

Componen la exposición una selección de 70 fotografías en blanco y negro pertenecientes al Centro Documental de la Memoria Histórica (Ministerio de Cultura y Deporte), positivadas para este fin por la Filmoteca Regional. Forma parte del programa de exposiciones ALACARTA de la Junta de Castilla y León.